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viernes 20 de octubre del 2017

Cuando humanizar la medicina significa transitar la verdad



Cuando humanizar la medicina significa transitar la verdad

Dra. Elena Passo

                  

“La vida lleva escrita en sí misma de un modo indeleble su verdad.” (Ev.2:48)

 El ejercicio de la profesión médica afronta en la actualidad  nuevos retos: el valor de la vida humana se ha disipado y se ha vuelto relativo respetar la integridad de la persona.

 Para un porcentaje importante de la sociedad, la prioridad es la autonomía; incluso en las ocasiones en que ésta, se ha separado de la verdad profunda y objetiva.

Así, dadas las cosas, nuestro trabajo asistencial nos exige  un proceso de preparación  no sólo académico sino fundamentalmente interior que, nos permita fortalecer nuestra conciencia, para poder elegir en lo cotidiano, la realización de actos médicos, orientados al resguardo de la dignidad humana.

 La dignidad humana es un bien inherente a la persona, está dada no sólo por sus notas esenciales, la sustancialidad, la individualidad y la racionalidad; sino que está referida al vínculo ontológico con el Creador. Al hecho de ser el hombre creado desde el Amor de Dios, a su imagen y semejanza.

 Esto le otorga al concepto de dignidad humana el valor de un orden diferente, el del vínculo constitutivo con la Verdad.

 El alma necesita como alimento la verdad y el alma del médico no escapa a esta necesidad. Formarse en la búsqueda de ésta en los temas de la vida permitirá a aquel cuya vocación sea el servicio a través de la medicina guiar su obrar asistencial.

 La vida como don y participación de la realidad divina,  tiene que ser salvaguardada desde el momento de su inicio en la concepción hasta la muerte natural con solicitud y amor. En el caso de requerirse cuidados médicos por acontecer una circunstancia de enfermedad, siempre se asistirá en forma proporcionada a la realidad clínica del paciente, prevaleciendo como único objetivo: buscar su bien integral.

 Luego acontece una nueva etapa, el tiempo de la comunicación, el del diálogo pausado, paciente y profundo entre el médico, el paciente, la familia y sus afectos. Es éste el espacio adecuado para clarificar las dudas y tomar decisiones teniendo en cuenta la perspectiva del paciente que incluye también su subjetividad.

 El alma del paciente necesita como alimento la verdad y en sus determinaciones también tendría que prevalecer la búsqueda de la misma en referencia a los temas de la vida. Se trata por parte de éste, de una autodeterminación orientada a su propio bien y su fortaleza en este caminar lo hará finalmente libre.

 La familia acompañará desde el afecto, madurando en la comprensión de la problemática y apoyando a su familiar y al equipo médico. También ella tiene necesidad de verdad y será ésta, una oportunidad en la cual sus integrantes podrán crecer y resignificar su dignidad, a través de la entrega dada en el cuidado de la persona enferma.

 Como vemos, sólo es la verdad, la línea de conducción que debe guiar el proceder asistencial, aún en las circunstancias de salud más tristes y adversas.

 Hay ocasiones en la historia de la humanidad en que los valores son dejados de lado, y la vida se transforma, desde esta perspectiva, en un objeto cuyo valor es otorgado solamente por la opinión consensuada.

 “Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador.” (Rm 1,25)

 ¿Qué nos pasa como sociedad, cuando nos olvidamos de la verdad, y sólo prevalecen los intereses particulares en los temas de la vida?


Passo, Elena. Consudec revista N° 1109, año XLVII, pág. 16. 2012


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