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martes 15 de octubre del 2019

Relación Materno Filial. Consideraciones éticas. I Parte. Dra. Raquel Bolton

CAEEM. Academia Nacional de Medicina

 

Seminario sobre Ética en el inicio de la vida humana

 

9 de octubre de 2019

 

 Relación Materno Filial. Consideraciones éticas

 Dra. Raquel Bolton

 

 

Profundizar el análisis de una relación materno-filial, permite proceder al abordaje metodológico con tres ejes a considerar:

 

o   Consideración de una cronología coordinada en el propio  genoma humano.

o   Un análisis antropológico que evidencia una Dignidad Humana

o   Reflexionar en una ética Proporcionada con carácter de obligatoriedad. 

Tutelar los derechos fundamentales y principalmente el derecho a la vida, nos lleva a considerar la intervención médica y biotecnológica como indicadores de la valoración ética, especialmente en los criterios generales de proporcionalidad, desproporcionalidad e ilicitud en la ejecución de los actos humanos.

Profundizar en el conocimiento sobre lo “éticamente adecuado”, nos invita a presentar una serie de principios que deben guiar a la ciencia médica y la tecnología, especialmente en aquellos casos que vulneran los derechos fundamentales del ser humano en el inicio de vida y alteran la natural y biológica relación madre e hijo, fracturando su génesis natural.

La realidad biológica y psíquica de la mujer la constituye en el ser elegido desde el inicio de los tiempos, para darle el don de la Maternidad. Entre los valores que están vinculados a la vida de la mujer, se encuentra la capacidad de poder albergar una vida.

La maternidad de la mujer, en el período comprendido entre la concepción y el nacimiento del niño, es un proceso biofisiológico y psíquico y el análisis científico confirma plenamente que su misma constitución física y su organismo tienen una disposición natural, aún en la circunstancia donde no hay generación biológica.

Llamado a la complementariedad con la mujer, el varón tiene un rol decisivo formando parte de la esencia misma de la familia y su biología lo hace partícipe en el desarrollo sexuado y diferenciación genética de una nueva vida, la determinación cromosómica y endocrinológica lo hace protagonista y referente de la reciprocidad biológica.

Inmediatamente después de la fecundación y reconocimiento específico de los gametos masculino y femenino, comienza junto al desarrollo celular, una relación materno filial que profundizará un diálogo difícil de olvidar, por la intimidad provocada por la misma naturaleza humana.

Pero es necesario comprender antes, que células involucradas en la reproducción de los seres humanos, son altamente especializadas en las funciones de transporte, reconocimiento, adhesión y fusión.

El reconocimiento específico de gametos, es la manifestación biológica de una activación mutua, luego de un estado de inactivación o silenciamiento de la expresión génica.

El momento que marca el inicio de un nuevo ser humano, determina una serie de acontecimientos articulados y proporciona la documentación de una dirección definida de desarrollo diferenciado y complejo, que ya no puede retroceder a fases recorridas.

Ciertamente, la presencia del genoma humano permite entender una continuidad genética existente en el núcleo del cigoto, completada en la fecundación y que permanecerá invariable en todas y cada una de las células, desde el inicio hasta la etapa final de un individuo, como expresión de una continuidad biológica.

La autogénesis del embrión se efectúa de manera tal que la fase sucesiva no elimina a la anterior, sino que la absorbe y la desarrolla según una ley biológica individualizada y activamente controlada.

El nuevo ser posee una teleología, constituyéndose un fin por sí mismo y no por otro, es erróneo pensar que es un programa coordinado por los órganos de la madre, aunque requiera de ella para desarrollarse.

Desde su realidad biológica se considera un individuo totalmente humano en etapa de desarrollo que, guiado por un principio autónomo, atraviesa una cronología coordinada en su propio genoma sin ninguna discontinuidad, permitiéndole iniciar un diálogo molecular que lo tiene como protagonista.

Uno de los desafíos para la ética en investigación es la profundización de los mecanismos moleculares que impulsan la fusión de gametos, teniendo en cuenta que la infertilidad afecta a un grupo importante de parejas reproductivamente activas.

Publicaciones de experiencias científicas, permiten examinar en detalle la comprensión de los mecanismos moleculares que impulsan la fusión de gametos y se expresan en la membrana plasmática de los ovocitos humanos, su inhibición bloquea completamente el proceso de fusión con los espermatozoides.

El inicio de esta relación vital materno filial tiene lugar en las trompas uterinas donde el embrión interactúa con receptores, a través de una red de sustancias que libera y actúan silenciando todas las células maternas que generarían el natural rechazo, tóxicas para células extrañas y generadoras de anticuerpos de rechazo.

El factor clave que inicia este proceso es la expresión de un antígeno de histocompatibilidad peculiar del embrión en el estado de blastocisto, una realidad natural que da paso a una íntima relación madre e hijo, donde los resultados son más que la fusión de gametos y la identidad biológica junto al proceso madurativo, presentan a un nuevo ser inseparable de su desarrollo.

De no existir un sistema inmunológico tolerante por parte de la madre, el embrión sería espontáneamente rechazado, pero la existencia de una presencia biológica autoprogramada desactiva todos los procesos biológicos naturales, que defienden a la madre contra todo cuerpo extraño.

Las Trompas Uterinas producen factores de crecimiento para el desarrollo embrionario y factores de supervivencia éstos, inhibidores de la apoptosis o muerte celular programada, serán los encargados del acto vital, que necesita el embrión para su traslado.

También sintetiza la madre moléculas de superficie, que indican el recorrido que debe seguir por las trompas y el lugar donde debe detenerse para anidar, la existencia de un fluido secretado por el endometrio materno, llega a impregnar al embrión, pudiendo modificar su expresión génica.

Estudios científicos han revelado la aparición de cambios epigenéticos en el embrión, llamados así, por ser determinados por el ambiente celular, permitiendo que algunos genes se expresen o no de acuerdo a condiciones externas, los mismos son determinantes en la ontogenia y el diálogo biológico

La investigación perinatal, sigue aportando estudios que avalan la relación desde una visión epigenética, sobre todo en la formación de los vasos nuevos que se generan en la placenta.

 Este proceso vital resulta más que la suma de sus componentes, porque la información contenida en los materiales de partida, se retroalimenta con la dinámica del proceso mismo.

El conjunto de características biológicas, permiten diferenciar los distintos procesos del sexo a nivel: cromosómico, gonadal, embrionario y genital, siendo el patrimonio genético de la especie humana, individualizado.

La diferenciación gonadal, iniciada en la 4ª semana de gestación se completa hacia la semana 8ª en el varón y un poco después en la mujer debido a diferentes tiempos en el desarrollo.

La ciencia biológica pone de manifiesto el microquimerismo maternal, esto significa la persistencia en un individuo de un bajo número de células, o ADN de otro, situación que permite un tráfico bidireccional de células a través de la placenta.

Las mismas pueden detectarse agrupadas en los llamados nichos de células individualizados por su componente cromosómico XX y XY, encontrándose en órganos maternos, entre ellos especialmente la médula ósea, pulmón, hígado, riñón, piel, tiroides y glándula adrenal.

Estas células fetales se denominan Progenitores Celulares Asociados al Embarazo, son inmaduras y con gran potencial de diferenciación pueden proceder de la célula troncal hematopoyética de la sangre fetal y de la placenta o de células troncales del feto que se diferencian para dirigirse a distintas localizaciones entre ellas, músculos y sistema nervioso.

Recientes estudios han demostrado que las células tienen una gran capacidad de autorrenovación, tienden a concentrarse en los tejidos de la madre afectados clínicamente, cumpliendo un papel de reparación en aquellos que se encuentran dañados, como es el caso de mujeres que padecían cardiopatías o enfermedades autoinmunes.

Se ha detectado microquimerismo en diferentes órganos de mujeres que han sufrido pérdida espontánea de un embarazo o han realizado un aborto; en este último caso el microquimerismo es más frecuente y más elevado.

La relación materno-filial también se evidencia en la fecundación in vitro cuando se utilizan óvulos donados, o cuando se recurre a la gestación subrogada.

En la primera circunstancia, en los embriones implantados procedentes de la fecundación de óvulos donados se podría modificar la expresión génica de su genoma por la presencia de mensajes maternos, y en el segundo caso, también podrían influir en el genoma del hijo, a través de lazos biológicos.

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